de papiro en piel fulmino el sayo
si tu pequeña voz (en pesadumbre)
dice guardo velo en vos
en piel lubina
entonces en celo puro envido
un pasmo
una fragancia
algún consuelo
en ser
la malvenida
sábado, 14 de marzo de 2009
CELO
a qué venir
si ahora entre las manos
cae armagedón
el llanto de las parcas
a qué moler silencios
providencias
si entonces la poción de
hiel se cuece entre los labios
en celo de trozar
mi cuerpo
ajado
si ahora entre las manos
cae armagedón
el llanto de las parcas
a qué moler silencios
providencias
si entonces la poción de
hiel se cuece entre los labios
en celo de trozar
mi cuerpo
ajado
viernes, 17 de octubre de 2008
sierva de tus ojos
en el tazón del alba
amor inmemorial
yo bebo de tus manos
me inclino
a tu silencio atada noche
o cierro los postigos
del adiós
doliente
amor inmemorial
yo bebo de tus manos
me inclino
a tu silencio atada noche
o cierro los postigos
del adiós
doliente
domingo, 24 de agosto de 2008
LLAGA
ahora ese temblor que rasga
inflige a mi dolor
silencio / fuego que traspasa
cuerpo / vientre / apuro de morir
en llaga
inflige a mi dolor
silencio / fuego que traspasa
cuerpo / vientre / apuro de morir
en llaga
CALLO
decía que la voz
cada filo de la voz
en su estallido
anuncia oculta
su inmanencia
cuando extremo
los cuidados
del decir
o toco el cuerpo
roto
del poema
y callo
cada filo de la voz
en su estallido
anuncia oculta
su inmanencia
cuando extremo
los cuidados
del decir
o toco el cuerpo
roto
del poema
y callo
sábado, 23 de agosto de 2008
FUROR
teníate en furor
en suave quemazón de piel
molido o devenido en ser
mi cuerpo /
acaso desprendía yo
un pobre
perdigón
calita hereje
alguna pústula
de mí o habíame guardado
en sacro en cada
privación de
vos amando
en suave quemazón de piel
molido o devenido en ser
mi cuerpo /
acaso desprendía yo
un pobre
perdigón
calita hereje
alguna pústula
de mí o habíame guardado
en sacro en cada
privación de
vos amando
ENSAYO
cansada o vertical me inclino al llano
magro del volver ansí la mella duele
en anca o sírvese la noche en taza oscura
o mugre que fulmina toda posesión de tuya
en era o llama porvenida en vena en casa
cuya arborescencia se desata en cosa
o teca o abalorio hubiérase tenido en
celo el harto resplandor de piel acá
el poema pule un perdigón de poca monta
o saca de la cruz un guijarrito grácil
desparejo o bien yo vengo a contemplar
de golpe el roce de tu voz amada amada
magro del volver ansí la mella duele
en anca o sírvese la noche en taza oscura
o mugre que fulmina toda posesión de tuya
en era o llama porvenida en vena en casa
cuya arborescencia se desata en cosa
o teca o abalorio hubiérase tenido en
celo el harto resplandor de piel acá
el poema pule un perdigón de poca monta
o saca de la cruz un guijarrito grácil
desparejo o bien yo vengo a contemplar
de golpe el roce de tu voz amada amada
martes, 17 de junio de 2008
EL VIEJO
Entraba al viejo valle de las mieses doblando la palabra, retorciendo tiempos de dolor en el silencio. No, nadie oía esos pasos lentos, pisando el reborde de los vientos, las piedritas sagradas del maíz, allá en el patio, el acento nupcial de la laguna, el revuelto de yuyos, fango y somnolencia. Nadie oía el seco refregar del cuerpo en el olvido porque el poema es un hórrido animal de llagas tibias, de tristeza. Nada, salvo ese antiguo esplendor de noches ofrecidas, de propicios temblores en el vientre y esa infancia lenta de pastos predadores, carne y humareda, sí, en el patio gris de la memoria, en el silencio.
lunes, 19 de mayo de 2008
PIEL
es decir
no una carta
breve
del exilio
ni una llaga
abierta
en herejía
sino apenas
una piel
ajada
de silencio
en
gozo de
yacer
herida
no una carta
breve
del exilio
ni una llaga
abierta
en herejía
sino apenas
una piel
ajada
de silencio
en
gozo de
yacer
herida
CALLANDO
es muy
pronto
pienso
para atar los
últimos cabos
de la dicha
si
de golpe en vos
ahora la palabra
funda lo que
nombro
y este
cuerpo
mío
el cráneo
seco
bebe ahora
carne de tu
voz
callando...
pronto
pienso
para atar los
últimos cabos
de la dicha
si
de golpe en vos
ahora la palabra
funda lo que
nombro
y este
cuerpo
mío
el cráneo
seco
bebe ahora
carne de tu
voz
callando...
viernes, 16 de mayo de 2008
BUSCANDO
en el silencio pobre
del poema
suelo dibujarte
amor
con la palabra
rota entre los labios
el viejo corazón
partiendo
nombres
en trance de morir
buscando
del poema
suelo dibujarte
amor
con la palabra
rota entre los labios
el viejo corazón
partiendo
nombres
en trance de morir
buscando
ORDEN DE LA NOCHE
atada al borde terminal
del cuerpo
yazgo /
no en un cielo vertical
ni en cuna tibia
voy ligando polvo
a lo que nombro
es acaso aquella pena
dulce
el gozo arrepentido
de nombrarte
que desata la
palabra fresca
esa mirada tuya
oscura en
orden
grave
de la noche
del cuerpo
yazgo /
no en un cielo vertical
ni en cuna tibia
voy ligando polvo
a lo que nombro
es acaso aquella pena
dulce
el gozo arrepentido
de nombrarte
que desata la
palabra fresca
esa mirada tuya
oscura en
orden
grave
de la noche
miércoles, 14 de mayo de 2008
JUAN CARLOS ONETTI
DECÁLOGO MÁS UNO PARA ESCRITORES PRINCIPIANTES
I
No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.
II
No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.
III
No traten de complicar al lector, ni buscar ni reclamar su ayuda.
IV
No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa. Ni siquiera en el lector hipotético.
V
No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempr para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.
VI
No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.
VII
No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando asomaron la nariz, hoy son genios.
VIII
No olviden la frase, justamente famosa: 2 más dos son cuatro; pero ¿y si fueran 5?
IX
No desdeñen temas con extraña narrativa, cualquiera sea su origen. Roben si es necesario.
X
Mientan siempre.
XI
No olviden que Hemingway escribió: "Incluso di lecturas de los trozos ya listos de mi novela, que viene a ser lo más bajo en que un escritor puede caer."
JUAN CARLOS ONETTI Uruguay, 1909 - 1994
I
No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.
II
No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.
III
No traten de complicar al lector, ni buscar ni reclamar su ayuda.
IV
No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa. Ni siquiera en el lector hipotético.
V
No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempr para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.
VI
No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.
VII
No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando asomaron la nariz, hoy son genios.
VIII
No olviden la frase, justamente famosa: 2 más dos son cuatro; pero ¿y si fueran 5?
IX
No desdeñen temas con extraña narrativa, cualquiera sea su origen. Roben si es necesario.
X
Mientan siempre.
XI
No olviden que Hemingway escribió: "Incluso di lecturas de los trozos ya listos de mi novela, que viene a ser lo más bajo en que un escritor puede caer."
JUAN CARLOS ONETTI Uruguay, 1909 - 1994
CÉSAR VALLEJO
El momento más grave de la vida
Un hombre dijo:
-El momento más grave de mi vida estuvo en la batalla del Marne cuando fui herido en el pecho.
Otro hombre dijo:
-El momento más grave de mi vida, ocurrió en un maremoto de Yokohama, del cual salvé milagrosamente, refugiado bajo el alero de una tienda de lacas.
Y otro hombre dijo:
-El momento más grave de mi vida acontece cuando duermo de día.
Y otro dijo:
-El momento más grave de mi vida ha estado en mi mayor soledad.
Y otro dijo:
-El momento más grave de mi vida fue mi prisión en una cárcel del Perú.
Y otro dijo:
-El momento más grave de mi vida es el haber sorprendido de perfil a mi padre.
Y el último hombre dijo:
-El momento más grave de mi vida no ha llegado todavía.
CESAR VALLEJO ( Perú, 1892-1938 )
Un hombre dijo:
-El momento más grave de mi vida estuvo en la batalla del Marne cuando fui herido en el pecho.
Otro hombre dijo:
-El momento más grave de mi vida, ocurrió en un maremoto de Yokohama, del cual salvé milagrosamente, refugiado bajo el alero de una tienda de lacas.
Y otro hombre dijo:
-El momento más grave de mi vida acontece cuando duermo de día.
Y otro dijo:
-El momento más grave de mi vida ha estado en mi mayor soledad.
Y otro dijo:
-El momento más grave de mi vida fue mi prisión en una cárcel del Perú.
Y otro dijo:
-El momento más grave de mi vida es el haber sorprendido de perfil a mi padre.
Y el último hombre dijo:
-El momento más grave de mi vida no ha llegado todavía.
CESAR VALLEJO ( Perú, 1892-1938 )
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
BOTELLA AL MAR PARA EL DIOS DE LAS PALABRAS
Intervención de Gabriel García Márquez en el Congreso de Zacatecas, abril de 1997
A mis 12 años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: «¡Cuidado!»
El ciclista cayó a tierra. El señor cura, sin detenerse, me dijo: «¿Ya vio lo que es el poder de la palabra?» Ese día lo supe. Ahora sabemos, además, que los Mayas lo sabían desde los tiempos de Cristo, y con tanto rigor que tenían un dios especial para las palabras.
Nunca como hoy ha sido tan grande ese poder. La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras. No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas. Al contrario, está potenciándolas: nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la inmensa Babel de la vida actual. Palabras inventadas, maltratadas o sacralizadas por la prensa, por los libros desechables, por los carteles de publicidad; habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o susurradas al oído en las penumbras del amor. No: el gran derrotado es el silencio. Las cosas tienen ahora tantos nombres en tantas lenguas que ya no es fácil saber cómo se llaman en ninguna. Los idiomas se dispersan sueltos de madrina, se mezclan y confunden, disparados hacia el destino ineluctable de un lenguaje global.
La lengua española tiene que prepararse para un oficio grande en ese porvenir sin fronteras. Es un derecho histórico. No por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión, en un ámbito propio de 19 millones de kilómetros cuadrados y 400 millones de hablantes al terminar este siglo. Con razón un maestro de letras hispánicas en Estados Unidos ha dicho que sus horas de clase se le van en servir de intérprete entre latinoamericanos de distintos países. Llama la atención que el verbo pasar tenga 54 significados, mientras en la República de Ecuador tienen 105 nombres para el órgano sexual masculino, y en cambio la palabra condoliente, que se explica por sí sola, y que tanta falta nos hace, aún no se ha inventado. A un joven periodista francés lo deslumbran los hallazgos poéticos que encuentra a cada paso en nuestra vida doméstica. Que un niño desvelado por el balido intermitente y triste de un cordero dijo: «Parece un faro». Que una vivandera de la Guajira colombiana rechazó un cocimiento de toronjil porque le supo a Viernes Santo. Que don Sebastián de Covarrubias, en su diccionario memorable, nos dejó escrito de su puño y letra que el amarillo es «la color» de los enamorados. ¿Cuántas veces no hemos probado nosotros mismos un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cerveza que sabe a beso?
Son pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que desde hace tiempo no cabe en su pellejo. Pero nuestra contribución no debería ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos para que entre en el siglo venturo como Pedro por su casa. En ese sentido me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los qués endémicos, el dequeísmo parasitario, y devolvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro muramos. Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?
Son preguntas al azar, por supuesto, como botellas arrojadas a la mar con la esperanza de que le lleguen al dios de las palabras. A no ser que por estas osadías y desatinos, tanto él como todos nosotros terminemos por lamentar, con razón y derecho, que no me hubiera atropellado a tiempo aquella bicicleta providencial de mis 12 años.
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ ( Colombia, 1928 )
Premio Nobel de Literatura 1982
Intervención de Gabriel García Márquez en el Congreso de Zacatecas, abril de 1997
A mis 12 años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: «¡Cuidado!»
El ciclista cayó a tierra. El señor cura, sin detenerse, me dijo: «¿Ya vio lo que es el poder de la palabra?» Ese día lo supe. Ahora sabemos, además, que los Mayas lo sabían desde los tiempos de Cristo, y con tanto rigor que tenían un dios especial para las palabras.
Nunca como hoy ha sido tan grande ese poder. La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras. No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas. Al contrario, está potenciándolas: nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la inmensa Babel de la vida actual. Palabras inventadas, maltratadas o sacralizadas por la prensa, por los libros desechables, por los carteles de publicidad; habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o susurradas al oído en las penumbras del amor. No: el gran derrotado es el silencio. Las cosas tienen ahora tantos nombres en tantas lenguas que ya no es fácil saber cómo se llaman en ninguna. Los idiomas se dispersan sueltos de madrina, se mezclan y confunden, disparados hacia el destino ineluctable de un lenguaje global.
La lengua española tiene que prepararse para un oficio grande en ese porvenir sin fronteras. Es un derecho histórico. No por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión, en un ámbito propio de 19 millones de kilómetros cuadrados y 400 millones de hablantes al terminar este siglo. Con razón un maestro de letras hispánicas en Estados Unidos ha dicho que sus horas de clase se le van en servir de intérprete entre latinoamericanos de distintos países. Llama la atención que el verbo pasar tenga 54 significados, mientras en la República de Ecuador tienen 105 nombres para el órgano sexual masculino, y en cambio la palabra condoliente, que se explica por sí sola, y que tanta falta nos hace, aún no se ha inventado. A un joven periodista francés lo deslumbran los hallazgos poéticos que encuentra a cada paso en nuestra vida doméstica. Que un niño desvelado por el balido intermitente y triste de un cordero dijo: «Parece un faro». Que una vivandera de la Guajira colombiana rechazó un cocimiento de toronjil porque le supo a Viernes Santo. Que don Sebastián de Covarrubias, en su diccionario memorable, nos dejó escrito de su puño y letra que el amarillo es «la color» de los enamorados. ¿Cuántas veces no hemos probado nosotros mismos un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cerveza que sabe a beso?
Son pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que desde hace tiempo no cabe en su pellejo. Pero nuestra contribución no debería ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos para que entre en el siglo venturo como Pedro por su casa. En ese sentido me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los qués endémicos, el dequeísmo parasitario, y devolvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro muramos. Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?
Son preguntas al azar, por supuesto, como botellas arrojadas a la mar con la esperanza de que le lleguen al dios de las palabras. A no ser que por estas osadías y desatinos, tanto él como todos nosotros terminemos por lamentar, con razón y derecho, que no me hubiera atropellado a tiempo aquella bicicleta providencial de mis 12 años.
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ ( Colombia, 1928 )
Premio Nobel de Literatura 1982
VLADIMIR MAÏACOVSKI
6. Lo que resultó
Más de lo que se puede,
más de lo que hace falta,
como si colgara de mí,
un delirio poético.
El apéndice del corazón creció agigantado.
Una mole de amor,
una mole de odio.
Debajo del peso -las piernas-, tambaleando se mueven.
Tú sabes,
yo estoy bien formado,
y sin embargo,
cargo el complemento del corazón,
encorvado de hombros,
y me hincho de leche de versos
y no puedo irme,
a donde,
total igual me lleno de nuevo.
Estoy lánguido de lirismo.
¡Oh nodriza del mundo,
hipérbole,
imagen de Maupassant!
* * *
2. De niño
Yo fui agraciado en el amor, sin límites.
Pero de niño,
la gente preocupada, trabaja.
Y yo,
escapaba a las orillas del río Rión,
y vagaba sin hacer nada.
Se enojaba mi madre:
"¡Chiquillo maldito!"
Mi padre me amenazaba con el cinturón.
Pero yo,
me ganaba tres rublos falsos
y jugaba con los soldados bajo las tapias.
Sin el peso de la camisa.
sin el peso de los botines,
daba vueltas
y me quemaba bajo el sol de Kutaís¹,
hasta que me daban puntadas al corazón.
El sol se asombraba:
"Apenas se ve
y también tiene corazón
se empeña el chiquillo."
¿Cómo es que cabe en este pedazo de un metro,
el río,
yo,
y las kilométricas cumbres?
1 Distrito donde nació el poeta.
Más de lo que se puede,
más de lo que hace falta,
como si colgara de mí,
un delirio poético.
El apéndice del corazón creció agigantado.
Una mole de amor,
una mole de odio.
Debajo del peso -las piernas-, tambaleando se mueven.
Tú sabes,
yo estoy bien formado,
y sin embargo,
cargo el complemento del corazón,
encorvado de hombros,
y me hincho de leche de versos
y no puedo irme,
a donde,
total igual me lleno de nuevo.
Estoy lánguido de lirismo.
¡Oh nodriza del mundo,
hipérbole,
imagen de Maupassant!
* * *
2. De niño
Yo fui agraciado en el amor, sin límites.
Pero de niño,
la gente preocupada, trabaja.
Y yo,
escapaba a las orillas del río Rión,
y vagaba sin hacer nada.
Se enojaba mi madre:
"¡Chiquillo maldito!"
Mi padre me amenazaba con el cinturón.
Pero yo,
me ganaba tres rublos falsos
y jugaba con los soldados bajo las tapias.
Sin el peso de la camisa.
sin el peso de los botines,
daba vueltas
y me quemaba bajo el sol de Kutaís¹,
hasta que me daban puntadas al corazón.
El sol se asombraba:
"Apenas se ve
y también tiene corazón
se empeña el chiquillo."
¿Cómo es que cabe en este pedazo de un metro,
el río,
yo,
y las kilométricas cumbres?
1 Distrito donde nació el poeta.
PAUL CELAN
BISIESTOS SIGLOS
Bisiestos siglos, bisiestos
segundos bisiestos
nacimientos, novembreantes, bisiestas
muertes,
en automáticos panales archivados
bits
on chips
El poema-menorá de Berlín,
(¿inasilado, in-
archivado, in-
asistido? ¿En
vida?),
estaciones de lectura en la palabra tardía,
puntas de llamas vigilantes
en el cielo,
perfil de crestas bajo el fuego
sensaciones, tejidas
por la helada,
arranque en frío-
con hemoglobina.
De "Compulsión de luz" 1970
Versión de José Ángel Valente
Bisiestos siglos, bisiestos
segundos bisiestos
nacimientos, novembreantes, bisiestas
muertes,
en automáticos panales archivados
bits
on chips
El poema-menorá de Berlín,
(¿inasilado, in-
archivado, in-
asistido? ¿En
vida?),
estaciones de lectura en la palabra tardía,
puntas de llamas vigilantes
en el cielo,
perfil de crestas bajo el fuego
sensaciones, tejidas
por la helada,
arranque en frío-
con hemoglobina.
De "Compulsión de luz" 1970
Versión de José Ángel Valente
HABITO
yo digo que bajo del silencio
cae una penuria
así malsana dada a lo preciso
habito delgadeces ínfimas
casas del pavor
a quién delata este vacío
sublingual de ránulas
o bocas carcomidas
besos idos
sino la brusca orfandad
del cuerpo que circula
en cheques azulados
algoritmos de
pan
alguna sodomía
de trago vertical
invicto
si no puedo importunar
el hambre
ajeno
consumirlo
en tragos de lejía
en pasmos de maíz
en besos
cae una penuria
así malsana dada a lo preciso
habito delgadeces ínfimas
casas del pavor
a quién delata este vacío
sublingual de ránulas
o bocas carcomidas
besos idos
sino la brusca orfandad
del cuerpo que circula
en cheques azulados
algoritmos de
pan
alguna sodomía
de trago vertical
invicto
si no puedo importunar
el hambre
ajeno
consumirlo
en tragos de lejía
en pasmos de maíz
en besos
Suscribirse a:
Entradas (Atom)