lunes, 21 de abril de 2008

GEORGE TRAKL

DECADENCIA



Al atardecer, tañen campanas a la paz,
Cuando sigo milagrosos vuelos de las aves
Que, como procesión piadosa, en largo haz,
Se pierden en claras, otoñales vastedades.
Vagando por el jardín crepuscular
Mi sueño va hacia sus más claros destinos
Y la manecilla siento apenas avanzar.
Así sigo, sobre nubes, sus caminos.
De decadencia el hálito allí me hace temblar.
El mirlo se queja en las ramas deshojadas.
Vacila roja vid en rejas herrumbradas,
Mientras, cual de pálidos niños corro mortal
Entorno a un brocal que gasta el tiempo, sombrío,
El viento inclina anhelos azules en el frío.

sábado, 19 de abril de 2008

EMPACO

mojada de cierta oscuridad
empaco las alforjas
voy en pobre lucha al pueblo
de las parcas
ay de mí la posadera
hunde los talones
sirve algún brebaje seco
una petaca roja
de alelí
y yo me bebo el polvo triste
las miradas graves
de los muertos
las pequeñas crónicas de Allá
el poema

sábado, 12 de abril de 2008

EZRA POUND

FRANCESCA


Emergiste de la profunda noche
con flores en tus manos,
ahora emergerás de una confusa muchedumbre,
de un tumulto de conversaciones que te ronden.

Yo que te vi entre las cosas primordiales,
me encolericé cuando tu nombre pronunciaron
en lugares ordinarios.
Desearía que las frías ondas inundaran mi alma
y el mundo se marchitase como una hoja muerta
o cual vaina de diente-de-león, arrebatado,
para poder de nuevo hallarte,
pero sola.

OSCAR PORTELA

Ahora que da frutos la muerte
y yacen en olvido las memorias
bajo aparente calma, se cobijan sin despertar
las estaciones, las ansias y deseos sepultados,
y el tiempo transparece
de ausencias, claras como las soledad,
vuelves a mí como vuelven los ecos al corazón
enamorado de nombre.
El gran túnel de la vida amanecido está
sobre la muerte y sólo el duelo permanece
abierto en el poema de los nombres
grabado por mis manos en tu nombre.
Así, mientras da frutos la muerte,
escribo estos poemas para exaltar las sombras
y los sueños que nos vieron pasar
solos y ausentes.



www.universoportela.com.ar

JACOBO FIJMAN

CIUDAD SANTA


Tres gritos me clavaron sus puñales.
Paisaje de tres gritos
Largos de asombro.
¡bromearon los sudarios del misterio!
Fuga de embotamientos;
Suspiros
en la niebla inmovilizada.
Cipreses.
Bronce de los terrores
Informes, fragmentados.
Mueren caminos
Y se levantan puentes.
Un árbol se transforma
Cerrando sus pupilas.
Caen medrosamente las palomas
Angélicas del sueño
En las uñas heladas del espanto.
Un infinito horror
Manaba en mis entrañas
En un himno de muerte.


en "Molino Rojo" de Jacobo Fijman

GONZALO ROJAS

LA LOBA

Unos meses la sangre se vistió con tu hermosa
figura de muchacha, con tu pelo
torrencial, y el sonido
de tu risa unos meses me hizo llorar las ásperas espinas
de la tristeza. El mundo
se me empezó a morir como un niño en la noche,
y yo mismo era un niño con mis años a cuestas por las calles, un ángel
ciego, terrestre, oscuro,
con mi pecado adentro, con tu belleza cruel, y la justicia
sacándome los ojos por haberte mirado.

Y tú volabas libre, con tu peso ligero sobre el mar, oh mi diosa,
segura, perfumada,
porque no eras culpable de haber nacido hermosa, y la alegría
salía por tu boca como vertiente pura
de marfil, y bailabas
con tus pasos felices de loba, y en el vértigo
del día, otra muchacha
que salía de ti, como otra maravilla
de lo maravilloso, me escribía una carta profundamente triste,
porque estábamos lejos, y decías
que me amabas.

Pero los meses vuelan como vuelan los días, como vuelan
en un vuelo sin fin las tempestades,
pues nadie sabe nada de nada, y es confuso
todo lo que elegimos hasta que nos quedamos
solos, definitivos, completamente solos.

Quédate ahí, muchacha. Párate ahí, en el giro
del baile, como entonces, cuando te vi venir, mi rara estrella.
Quiero seguirte viendo muchos años, venir
impalpable, profunda,
girante, así, perfecta, con tu negro vestido
y tu pañuelo verde, y esa cintura, amor,
y esa cintura.

Quédate ahí. Tal vez te conviertas en aire
o en luz, pero te digo que subirás con éste y no con otro:
con éste que ahora te habla de vivir para siempre
tú subirás al sol, tú volverás
con él y no con otro, una tarde de junio,
cada trescientos años, a la orilla del mar,
eterna, eternamente con él y no con otro.



De Contra la muerte, 1964.

viernes, 11 de abril de 2008

ANTONIO PORCHIA

CUANDO...


Cuando yo muera
no me veré morir,
por primera vez.